un día en la vida de un voluntario de jornalero

Como dice la canción: por la mañana yo me levanto…. Sí, ok, me levanto por la mañana, como casi todo el mundo cuando está sobrio, pero entonces, ¿qué hace un voluntario en un día normal en una finca orgánica? Supongo que algunos de vosotros os estaréis haciendo esta pregunta, sobre todo porque un amigo cercano ya me la ha hecho. Pues aquí voy a intentar curaros el desasosiego que os pueda estar causando tal vacío de conocimiento iluminándoos la existencia con un hipotético “día normal” en mi vida como voluntario en granjas orgánicas, juntando cosas de las que he estado haciendo en las distintas fincas que he conocido hasta el momento.
Para empezar me levanto sobre las 6, que aquí es lo habitual ya que los días son casi todo el año de 12 horas y el sol sale más o menos de 6 a 6. El desayuno se suele servir como hacia las 7, para no hacerle la vida demasiado difícil a la mayoría de los voluntarios, que tienen problemas psicológicos con aceptar levantarse a horas tan tempranas, aunque para esta hora el sol ya ilumina el cielo, y cuando llegué en junio ya empezaba a calentar. A mí me vino fenomenal el cambio de horario, porque llegando de Europa hasta me ayudó a no sufrir el archiconocido desfase horario o jetlag, y me hice a levantarme con el sol sin ningún problema.
En una de las fincas me ofrecí para dar de comer a los animales, con lo que al levantarme bajaba a dar de comer a las gallinas y cambiarles el agua, recogiendo los huevos que por allí pudieran haber dejado, aunque normalmente los ponían algo más tarde, como sobre las 8-9. Como al lado de las gallinas se encuentra también el tanque con los peces del sistema acuapónico, pues ya de paso les echo de comer a las tilapas. A la par de las tilapias se encuentra un pequeño vivero con semilleros, así que ya de paso, como ya estoy por la zona, pues riego las semillas y las plántulas que están allí en el momento (aunque dije que iba a juntar las cosas de varias fincas, todas estas cosas las hacía de verdad en una sola finca, no es que haya juntado las cosas de varios lugares).
Después de esto vuelvo a la zona principal y para entonces ya algún que otro voluntario más también anda levantado, sobre todo si se ha puesto el despertador porque le toca el turno para preparar el desayuno. Yo o bien ayudo a preparar el desayuno o me alejo corriendo a leer o escribir el blog en la seguridad de un lugar distante, porque a fuerza de merodear por la cocina en las mañanas descubrí la mala elección de lugar que esta resulta ser para leer o escribir nuevas publicaciones para mi blog, porque siempre me acababan mandando hacer algo, o ayudar a preparar el desayuno aunque no fuese mi turno (normalmente porque algún otro se había quedado dormido) o cualquier otra cosa espontánea que surgiese, porque parece que yo no tenía derecho a usar mi tiempo libre en cosas personales a pesar de ser el único que llevaba un blog y se sentaba regularmente a escribir para tenerlo actualizado y además ser una de las personas que más trabajo hacía en la finca (para cuando los otros se levantaban a desayunar yo ya había hecho todas las cosas relatadas arriba, por ejemplo, y luego seguía trabajando con los demás). Así es como voy descubriendo que no se puede ser voluntarioso, porque luego le asignan a uno más responsabilidades de las que le corresponden y acaban contando con uno para todo, pero sin consultar…
Después del desayuno tenemos otro rato para prepararnos, ya que las tareas no empiezan hasta las 8 (a esta hora el empleado tico que emplea la finca lleva ya dos horas trabajando, porque el empieza a las 6). Los horarios de trabajo dependen de cada finca, aunque se suele trabajar por la mañana y se tiene la tarde libre. Esta división del trabajo entre la mañana y la tarde aquí en Costa Rica es necesaria, sobre todo ahora ya que estamos en la estación lluviosa y por las tardes suele llover, así que es por las mañanas que se adelanta todo el trabajo agrícola o de construcción, que es lo que se suele hacer en las fincas que he visitado. Dentro de esto los horarios son flexibles, ya que he trabajado en lugares en los que empezábamos a las 6 y se hacía un descanso para desayunar a las 9, y en otros en que se trabajaba de 7 a 12 con una pausa a media mañana. Casi siempre paramos a las 12, lo que aquí conocen como el mediodía, que es cuando se almuerza o se come aquí (a mí en España me tenían engañado, con el mediodía siendo las 14, que es cuando se come allá).
Bueno, ¿y qué tipo de trabajos se hacen en las fincas? Pues aparte de los pequeños apuntes que he añadido en publicaciones anteriores, una lista de los trabajos normales que se pueden llegar a hacer sería: pintar la cocina, construir un mueble para frutas y verduras, allanar un terreno para reubicar la huerta hidropónica, allanar un terreno para construir un rancho o zona techada para que pasen los voluntarios su tiempo libre, cavar una zanja de drenaje para el exceso de agua debido a las lluvias, cargar sacos de piedras para las zanjas de drenaje, ir a una finca allá al otro lado de la colina a cargar sacos de frutos de cacao para la extracción de sus semillas, cortar los frutos de cacao para extraer las semillas de cacao, extraer las semillas de cacao de los frutos, tostar las semillas de cacao ya fermentadas y secas, pelar las semillas de chocolate tostadas, hacer chocolate con las semillas tostadas y peladas, cortar y preparar bambú para la construcción, ayudar a construir un rancho… Estas son las tareas más usuales, y sólo en una de las fincas en las que he estado ha habido también una parte importante del tiempo dedicada también a tareas agrícolas, que era la finca de La Iguana Chocolate, que ha sido también el único lugar donde hemos cosechado frutos para la venta (el cacao, aunque fuese sólo para venta local), mientras que en el resto de lugares ni siquiera había producción suficiente para satisfacer las necesidades de autoabastecimiento de las fincas, vamos, que no tienen muy buena planificación agrícola. ¿Y de qué vive una finca si no tiene producción? Esa es una pregunta excelente, que será el tema de otra publicación futura sobre el “volunturismo”, que espero escribir sólo una vez (es que viajo con un iPad y me está dando mucha guerra, ya que algunas publicaciones las he tenido que escribir varias veces por problemas de conexión y memoria, como esta misma, que es ya la tercera vez que la escribo – y espero que de verdad sea la tercera y no me toque escribirla una cuarta vez, porque empiezo a cansarme de escribir siempre lo mismo).
Luego siempre hay alguien de turno para ayudar a hacer la comida, y esa persona suele terminar el trabajo de la mañana antes para ir a ayudar con la comida mientras los demás siguen con la tarea del día, o si tienen mala suerte, les toca ir a seguir trabajando cuando los demás ya han terminado y andan descansando y esperando la llamada para comer: “listooooooo”.
Después de comer ya tenemos la tarde para nosotros, y la ocupamos en lo que queramos, que puede ser leer, tocar la guitarra, echar una siesta, salir a dar un paseo, hacer una pequeña excursión a alguna catarata/río/poza cercana para darse un baño, escribir en el diario o blog, y ese largo etc que corresponde a las aficiones, apetencias y/o necesidades de cada cual, tanto así, que algunos voluntarios se ofrecen para hacer proyectos extra por las tardes, como hacer mosaicos para embellecer la propiedad, ayudar a cortar botellas de cerveza para convertirlas en vasos, y otras cosas varias.
A las 6 se cena, que es cuando anochece. Normalmente también hay alguien de guardia para preparar la cena. Antes, después, o durante esta hora es cuando se baja al bar. En el bar ocurren o pueden ocurrir cosas diversas, que supongo que no tengo necesidad de relatar aquí, ya que son relativamente universales (me encanta juntar estos dos palabros!).
La hora normal a la que se acuestan los ticos es a las 9-10, al menos en las zonas rurales que he conocido, que suelen estar más ligadas al ciclo solar y donde la gente se levanta más temprano. En las ciudades, como siempre, esto es distinto ya que el horario está cambiado gracias a las miles de estrellas y velas eléctricas que se iluminan tras la puesta del sol. A mí me siguen gustando más las fuentes de luz naturales y el sueño me entra pronto, lo que me permite madrugar con el canto de los pájaros (aunque algunos más que cantar lo único que hacen es armar bulla…).
Bueno, y aquí ya va terminando la historia. Como en todos lados, después del bar también hay opciones, y puede uno o bien arrastrarse hasta casa, o bien volver caminando y leer un poco al llegar de vuelta, o a veces incluso ir a ver qué sobra en el frigo para atiborrarse antes de dejarse caer en la cama, pero eso, una vez más, es al gusto de cada cual!🙂

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  1. #1 by saulilse on 17/10/2012 - 01:43

    Así que eso era lo de ser voluntario allá… interesante día a día…

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